
Episode 1
Episode 1 | 51m 49sVideo has Closed Captions
Elena and Cecilia flee to Madrid and open La Favorita, unaware danger is closing in.
Elena and Cecilia flee Seville one deadly night. They open La Favorita, unaware that Julio, the restaurant’s owner, isn’t telling them everything.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback

Episode 1
Episode 1 | 51m 49sVideo has Closed Captions
Elena and Cecilia flee Seville one deadly night. They open La Favorita, unaware that Julio, the restaurant’s owner, isn’t telling them everything.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch La Favorita 1922
La Favorita 1922 is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, and Vizio.
Providing Support for PBS.org
Learn Moreabout PBS online sponsorship-Cuando cocinas, ofreces a tus comensales mucho más que una comida.
Porque cocinar es un regalo, uno de ida y vuelta.
Tú te pasas horas metida en la cocina, planificando el menú, preparando con mimo cada plato, cuidando los pequeños detalles.
Quieres que ese regalo sea perfecto, que cada plato entre primero por los ojos antes de conquistar el paladar.
Y para eso todo debe llegar a la mesa con su temperatura justa, en el momento preciso, ni un segundo antes, ni uno después.
Y cuando la comida llega a la mesa, resulta que el regalo te lo hacen a ti.
Una sonrisa de satisfacción, alguien que apura hasta el último bocado aunque rebañar esté mal visto.
O cuando te dicen que nunca olvidarán esa cena.
Pero ¿qué es lo más importante para que esa cena salga perfecta?
Unas te dirán que manejar bien los tiempos, que hay que cocinar con calma, sin prisas.
Algunas que lo primordial es tener buen ojo, elegir bien el producto que vas a servir.
Y otras que lo más importante es la receta.
Esas recetas que pasan de generación en generación.
-Lo más importante en una cocina es la confianza.
Tienes que confiar en ti, claro.
Pero sobre todo tienes que confiar en tu equipo, ciegamente.
En tus referencias, dices que has trabajado unos años para los duques de Peñalanda, pero yo he preguntado allí y no te conoce nadie.
Raro, ¿no?
-Tengo experiencia de sobra.
-¿En cocinar o en mentir?
-Oiga, si hay algún problema conmigo, que venga la marquesa y me lo diga.
¿Puedo empezar ya?
-Señora marquesa, ¿otra vez aquí?
Los invitados están al llegar.
-Lo siento, no me había presentado.
Soy Elena, la marquesa.
Y no, no puedes trabajar aquí porque no me fío de ti.
Ahora te acompañan a la salida.
-Pobre muchacha, se le ha quedado una cara de boniato.
-De pobre nada.
No me gustan las mentiras.
Me pone de los nervios.
-Pues no se nota, señora.
Va usted con una pachorra.
-Eso es porque cuando cocino se me va el santo al cielo.
-Ya sabe cómo se pone su marido cuando llega tarde.
A lo mejor si hiciera usted otras cosas.
-¿Qué otras cosas?
-Pues no sé, cosas de marquesa, obras de caridad, tocar el piano, bordar.
-Cecilia, a mí lo que me gusta es cocinar.
Y no te enfades, que te he guardado mollejas.
-¿Con la salsa de pimientos?
-Con la salsa de pimientos.
-Sí, es que no se puede enfadar una con usted.
Tire, tire.
[ Campana tintinea ] -¿Lo ves, Cecilia?
Justo a tiempo.
-Yo solo espero que García Prieto y esos liberales no lleguen a formar gobierno, porque sino no sé qué va a ser de nosotros.
Entre las crisis, las revueltas anarquistas, este país va de mal en peor.
-A este país le iría bastante mejor si las mujeres pudiéramos votar, ¿no creen?
-[ Se ríe ] Disculpen a mi esposa, que... pasa demasiado tiempo jugando a las cocinitas y los vapores le nublan el entendimiento.
[ Risas ] Si nos disculpan.
-Adolfo, me haces daño.
-Llegas tarde y encima me haces quedar en ridículo.
-Estaba terminando la cena.
-Sé perfectamente dónde estabas.
Porque te pasas el maldito día allí.
Te recuerdo que eres la marquesa, y no una criada.
¿Y tú qué?
¿No sabes hacer tu trabajo?
Mi esposa debería estar lista hace más de media hora.
-La culpa ha sido mía.
No la metas a ella.
-No me contradigas delante del servicio.
No lo hagas.
Ya hablaremos tú y yo.
-[ Carraspea ] Después del primer jerez, a mi hijo se le olvida la suerte que tiene de estar casado con una mujer como tú.
Mejor no hacerle mucho caso.
-Me alegra mucho tenerte aquí, César.
-Señoras, señores, la cena está lista.
-Pueden pasar.
Consumado de ave de caza, una de mis recetas favoritas.
El secreto está en reducir el caldo durante varios días y añadir un sutil... -Si mi mujer le pusiera el mismo empeño a otras cosas, como la cocina, ya tendríamos por lo menos un heredero.
[ Risa ahogada ] [ Tintineo de copa ] -Por mi maravillosa nuera y otra de sus inolvidables cenas.
Por los marqueses de Valmonte.
[ Chasquea copa ] -Vino.
[ Sorbe ] [ Chasquea copa ] Hola.
-[ Respira agitadamente ] -Shh.
-No.
-Ya sabes.
-Si ya sabes.
-No, no.
Por favor, no.
No, no, no.
[ Quebrazón ] [ Ladrido distante ] -[ Gimiendo ] Así es.
[ Traqueteo ] Así es.
Sí.
[ Gruñendo ] -Déjala.
Suéltala.
Suéltala.
Suéltala o te juro que te -- -Vete a dormir.
Vete a la cama.
-O te juro que... Te juro que... -¿O qué?
-O te juro que te -- -¿Qué?
¿Qué?
-Eres un monstruo.
¿No te da vergüenza?
Es solo una cría.
[ Grita ] -Siempre estás donde no tienes que estar.
-¡Pare que la va a matar!
No.
No, por favor.
-Ven aquí.
No.
No, no.
-[ Grita ] -¡Que la sueltes!
[ Gruñe ] [ Golpe seco ] [ Exhala ] -[ Exhala fuertemente ] -¿Está...?
-Está muerto, señora.
Lo ha matado.
-Yo... Yo no podía respirar.
Yo solo quería... Yo no... Voy a avisar a la policía.
-No.
-Voy a avisarle -- -No, no, a la policía no.
A la policía ni hablar.
-¿Cómo que no, Cecilia?
Te estaba forzando.
Yo me he querido defender.
Solo quería... -¡Que no, señora, que no!
¡Que no!
Que yo he oído historias.
En la casa de los Miranda, cuando les empezó a faltar la cubertería de plata, se llevaron a la criada presa sin preguntar.
-¿Qué estás diciendo, chiquilla?
-Que yo solo soy una sirvienta y usted lo ha matado, señora.
[ Sollozando ] Las dos vamos a ir a la cárcel por eso.
Nos condenarán al garrote.
-No.
No, de ninguna manera.
Coge todo lo que puedas.
Llena las maletas.
-Pero, señora, ¿dónde vamos a ir?
-Lejos, lo más lejos posible.
[ Bullicio ] -Nos vamos en el siguiente tren.
Es un mixto.
Pasa por Córdoba antes de llegar a Madrid.
-¿A Madrid?
Pero ¿cómo que Madrid?
-¿No quería irse lejos?
Es lo que hay, señora.
A mí tampoco me hace ninguna gracia.
Pero por lo menos en una ciudad tan grande no nos conocerá nadie.
-Espera, espera.
Dime que al menos viajamos solas en el compartimento.
-No exactamente.
[ Bocina de tren ] Perdón.
Gracias.
[ Silbato ] [ Chirrido de tren ] -Última llamada.
¡Viajeros al tren!
-Lo de esta noche... ¿Lo de esta noche, te había pasado antes?
[ Exhala fuertemente ] ¿Y por qué no me lo había contado?
-¿Qué le iba a decir, señora?
A usted no le gustan las mentiras, pero a veces las verdades son más puñeteras.
No sé cómo podía estar casada con ese hombre.
-Última llamada.
-A veces una no tiene opción.
-¿Y qué va a hacer de nosotras?
-No lo sé.
-Viajeros al tren.
[ Chirrido de tren ] [ Ladridos distantes ] -Señora, mejor apuramos el paso.
-Uy, sí.
[ Resuella ] -Señoras, los abrigos y el bolso.
-De ninguna manera.
No les vamos a dar nada.
-[ Grita ] No, no, no.
No, por favor.
Haga lo que dice, señora.
-Eso, señora.
- Lléveselo, lléveselo.
No le haga nada, por favor.
-El collar.
Muy bien.
-¿Estás bien?
-Sí.
-Mira, aquí hay joyas.
Mira.
[ Se ríe ] Muy bien, Cógelo todo.
-[ Grita ] -No, por favor.
-Muchas gracias, señoras.
-[ Sollozando ] Se lo han llevado todo.
Todo.
-Todo no.
Me las guardé porque esta ciudad es muy perra.
No puede ir una así enjoyada como si fuera... -Una marquesa.
Lo sé.
¿Y ahora qué hacemos?
-A lo mejor podemos ir a un sitio.
Allí me conocen.
-¿Cómo que te conocen?
¿Pero tú eres de aquí, Cecilia?
¿Y por qué no me lo habías contado?
¿Cómo es que no querías venir?
-No me gusta hablar de ello.
Hace mucho que me fui.
Vamos.
Allí nos darán de cenar.
Vamos.
Aquí venía yo de chiquilla.
El dueño nos daba de comer las sobras de los clientes.
Pensé que seguiría abierto.
-Se ve que es nuestro día de suerte.
-¿Qué hace, señora?
Señora, ¿qué hace?
-Tose.
-¿Que tosa?
-Tose.
[ Tose ] [ Ambas tosiendo ] [ Quebrazón ] -Cuidado.
-Vamos.
-Esto de colarse así como así no está bien.
-Hemos hecho cosas peores, ¿no crees?
-Qué lástima.
Con lo bonito que era y ahora da pena verlo.
-Cecilia, ven.
-¿Qué hace?
[ Chirrido ] -[ Gimotea ] Qué asco.
-Sí.
A ver qué podemos hacer con esto.
Vamos.
[ Chisporroteo ] [ Chasquea cuchara ] Dame tu plato.
[ Suspira ] Mm.
-Está buenísimo, señora.
Tiene usted una mano.
-[ Se ríe ] Mi madre decía que no importaba lo malo que hubiera sido un día.
Que una buena cena lo arreglaba todo.
-Pues se nota que su madre nunca tuvo un día tan horrible como el nuestro.
-[ Se ríe ] -[ Se ríe ] -Desde luego.
¿Qué pasa, Cecilia?
¿Qué pasa?
-[ Solloza ] -¿Qué te pasa?
¿Qué te pasa?
-Que usted lo ha perdido todo.
Y estamos metidas en este lío por mi culpa.
-No, no digas eso.
-Lo siento mucho.
-No, no, no digas eso.
-Lo siento mucho, mucho.
-Cecilia, escúchame.
-Perdón, perdón.
-Mírame.
-Perdón.
-No es tu culpa.
No es tu culpa.
No es tu culpa.
Nunca ha sido tu culpa.
-[ Se ríe ] -Y llámame Elena, que yo ya no soy la señora de nadie.
-Sabe, de todas las señoras para las que he trabajado, usted es mi favorita.
¿Qué vamos a hacer?
Porque aquí no nos podemos quedar.
-Bueno, de momento comer esto, dormir un poco y ya se nos ocurrirá algo.
Comiendo.
[ Suspira ] -[ Roncando ] -Cecilia.
Cecilia.
-[ Resuella ] ¿Qué?
¿Qué pasó?
-Buenos días.
-Qué pena, ¿no?
Con el meleno tan precioso que tenía.
-Bueno, hay que empezar de cero.
Venga, arriba.
Tenemos mucho que hacer.
Vamos.
-¿Usted está segura de esto, señora marquesa?
-Estoy segurísima, Cecilia.
Y no me llames marquesa, que te puede oír alguien.
Tú confía en mí.
Disculpen, señoras.
¿Saben quién es el dueño del bistro de Julio?
Disculpen, caballeros.
¿Conocen al dueño del bistro de Julio?
Gracias.
El dueño del bistro de Julio, ¿saben quién es?
¿Conoce al dueño del viejo restaurante, el bistro de Julio?
-¿Para qué le buscáis?
-Porque necesito hablar con él.
-¿De qué?
-De negocios.
-¿Negocios?
-Mm-jm.
-Ya.
¿No seréis de esas mujeres de mala reputación?
-Señora.
-Sí, era de Julio Moreno, pero cuando murió cerraron.
Una pena.
-Bueno, pero el local será de alguien, ¿no?
-De Julio, Julio Moreno.
A lo mejor podéis hablar con él.
-Hombre, si está muerto, va a ser un poco complicado, ¿no?
-Julio Moreno, hijo.
Perdón.
Si os dais prisa, le pilláis desayunando en el Café Odeón.
-Gracias.
-Muchas gracias.
-Vamos.
-Hasta luego.
[ Bullicio ] -[ Resuella ] -Con cuidado.
-Perdone.
Disculpe.
-Pídame lo que quiera.
-¿Perdone?
-Me refiero a qué va a tomar.
Iba a pedir lo mío también.
-Ah.
Café con leche, pero lo pido yo.
-Café, un cortado y un café con leche por aquí.
¿Algo de comer?
¿Unas porritas?
-¿Unas qué?
-Unas porritas.
-Ay, por favor.
[ Resuella ] -No, no... -Sinvergüenza.
Sinvergüenza, sinvergüenza.
Quíteme las manos.
-Que no ha sido a propósito.
Que me quite la mano de ahí, que me pongo a gritar y le monto un escándalo.
-Que no ha sido a propósito.
Que me he quedado enganchado.
¿No lo ve?
-Estupendo.
-Tengo una idea.
Yo tiraré y usted tira a la vez.
-Es que estoy tirando, pero me va a romper usted el abrigo.
-¿Qué quiere que haga?
-Para empezar se puede alejar un poco.
-Sí, solo que hay mucha gente.
-Estupendo.
¿Qué hacemos, nos quedamos aquí toda la mañana?
-Si fuera usted un poquito más simpática, a mí no me importaría.
-¿Disculpe?
-Bueno, que si quiere acabar con esta situación, tendremos que trabajar en equipo.
-Quiero, quiero.
-Organización.
-Mm-jm.
-Pues tiremos a la vez.
A la de tres.
-A la de tres.
-Una.
-Cuidado con esa manita.
-Dos con cuidado con la manita.
Y tres.
Ya está.
¿Ve?
No hay nada como trabajar en equipo.
Ha sido un placer.
-Si usted lo dice.
Disculpe.
Disculpe... -Julio, ahí está lo tuyo.
-Muchas gracias, jefe.
Cómo me cuidas.
-¿Julio Moreno?
-El mismo.
Tome asiento, claro.
-Usted es el dueño del local que está cerrado, ¿verdad?
-Sí, al menos ahora no me hace perder dinero.
¿Por?
-Quiero alquilárselo.
Voy a montar un restaurante.
-¿Usted quiere montar un restaurante?
-Yo quiero montar mi restaurante.
-Una mujer.
-Elena.
Encantada.
-Un gusto, Elena.
Verá, le veo un par de inconvenientes a todo esto.
El primero, un negocio dirigido por una mujer.
No, no lo veo.
-¿No lo ve?
-No, no lo veo.
-Es curioso, porque puedo hacerlo igual o mejor que un hombre, pero usted no lo ve.
Quizá tiene una mente de estas pequeñitas.
-Mire, ese restaurante es un pozo sin fondo.
Y se lo digo yo que intenté levantarlo.
Pero a lo mejor usted es demasiado orgullosa para aceptar un buen consejo.
-Bueno, a lo mejor es que no necesito ningún consejo porque sé llevar una cocina perfectamente.
Tenía otra pega, ¿verdad?
-Sí.
Si decido alquilarle el restaurante, cosa que no va a pasar, ¿cómo haríamos con el contrato?
-¿Cómo?
-¿Se haría responsable su marido?
Ya.
Bueno, pues si no le importa, se me va a enfriar la porrita.
-Estoy segura de que podemos llegar a un acuerdo usted y yo.
-¿Es robado?
-No me ofenda.
-¿Usted, de dónde ha salido?
-No es asunto suyo.
¿Me alquila el local o no?
-Con esto no llega ni para el primer mes.
-¿Cómo que no?
-Seis meses.
-Dos.
-Tres.
¿Trato?
[ Toca bocina ] Tenemos local.
Ahora solo queda encontrar un piso cerca.
Pues esperaba un poquito más de entusiasmo por tu parte.
-No es eso.
He estado buscando en la sección de sucesos por si decía algo de, ya sabe.
-¿Y?
-Pues que nada.
Eso es lo raro.
Ni una noticia, ni una esquela.
Que le pase algo así a un marqués y no salte la noticia.
La policía ya nos tendría que estar buscando.
Que usted y yo somos fugitivas, señora.
-Estamos lejos.
Por eso no llega la noticia.
Mejor así.
Tranquila.
[ Suspira ] -Dios, bueno y misericordioso, premie cada buena obra de su siervo.
El hombre justo, aunque muera prematuramente, hallará la calma.
Cumplió la voluntad de Dios y Dios lo amó.
Que esté en paz.
Amén.
[ Campanadas ] -[ Sollozando ] ¿Has encontrado algo?
-Salieron a toda prisa, pero en la habitación de la criada he encontrado esto.
-"Fermín y yo.
Madrid, 1920".
-En la carta viene una dirección.
-Vas a tener que hacer un viaje a Madrid, a ver qué averiguas.
-Por supuesto, señor.
-Pelayo... han matado a mi hijo.
Encuéntralas.
Tienes que encontrarlas sea como sea.
[ Exhala fuertemente ] -El mes que viene quiero que me paguen con dinero, y no quiero escándalos de ningún tipo.
Esta casa es muy decente.
¿Lo han entendido?
-Perfectamente.
-Bien.
Aquí tienen las llaves.
Espero que se porten bien.
-Bueno, no es precisamente un palacio, pero servirá.
-Demasiado grande para nosotras dos.
-[ Se ríe ] No, mujer, aquí vamos a vivir todas.
Necesitamos un equipo.
-¿Un equipo?
-Claro.
Un restaurante da mucho trabajo.
No querrás que lo hagamos solas.
-No.
Sí, ya, pero ese equipo, ¿de dónde lo vamos a sacar?
-De aquí.
Tenemos que contactar con una chica que se llama, ¿cómo era?
Ana Ferrer.
Estuve en la casa en la que sirve en Barcelona y me quedé impresionada.
Nadie lleva un comedor como ella.
Se ha formado en Francia.
Sabe de vinos, de gastronomía, de costumbres francesas.
Y necesitamos a la mejor cocinera también.
Que no es esta.
No es esta tampoco.
¿Dónde está?
Lourdes Mendieta.
Los condes de Barrachina me han hablado maravillas de ella.
Esta mujer es una enciclopedia culinaria.
Tiene miles de recetas en su cabeza.
Trabaja en San Sebastián, pero cualquiera con dos dedos de frente la querría en su cocina.
A trabajar, Cecilia.
-Un momento, un momento, señora.
Si estas chicas ya tienen un trabajo, ¿por qué iban a aceptar?
-Cecilia, el secreto de una buena cocina es tener contentas a tus trabajadoras.
-¿No era la confianza?
-También.
Me refiero a que podemos mejorar sus condiciones.
Por ejemplo, ¿a ti qué te gustaría que te ofrecieran?
-Mm.
Una leche.
Este merengue está buenísimo.
-Lo sé, por eso estamos aquí.
Perdona, perdona.
Rosa, ¿verdad?
-Sí.
-Rosa, tus pasteles están realmente deliciosos.
-Y tanto.
Yo ya me he comido tres.
-Verás, voy a abrir un restaurante y necesito una repostera.
Sé que me vas a decir que no porque tienes este trabajo, pero me gustaría -- -Pero ¿cuánto me van a pagar?
[ Toca bocina ] -Hola.
-Hola.
-¿A vosotras también os ha llegado la carta?
-Sí, sí.
Pero parece una broma pesada, ¿no?
-Bueno, a mí la señora me dijo que era aquí.
[ Abren la puerta ] -Bienvenidas.
Soy Elena.
Ella es Cecilia.
Y este es mi restaurante.
-Ya, pero en la carta dice que el restaurante es nuevo.
Y esto tiene pinta de estar abandonado.
-Bueno, hasta que lo abramos, ¿no?
Pasen, por favor.
Pasen.
-Señora, no les gusta.
-Como verán, necesita un buen lavado de cara.
Pero somos mujeres, no nos asusta el trabajo, ¿verdad?
Usted, Srta.
Ferrer, sería la jefa de sala, de esta sala que, como verá, no tiene nada que envidiar a los salones parisinos a los que está acostumbrada.
Aquí debajo hay mármol.
Y fíjense qué maravilla de vidriera.
Yo cocinaría con usted, Sra.
Mendieta, y Rosa se encargaría de los postres.
Si me acompañan a la cocina, les muestro.
-Mire, doña Elena.
-No, solo Elena, por favor.
Dígame.
-Yo esto no lo veo, Elena.
Aquí está todo por hacer.
Y yo he dejado un trabajo muy bueno en Barcelona, como vosotras, supongo.
-Claro, claro.
Uno buenísimo.
-A ver, el mío era una birria.
Me levantaba a las 4 de la mañana y dormía en la trastienda.
Pero es que esto está por montar.
-Señoras, por favor.
Sé que... Sé que todas han dejado una vida atrás.
Y, créanme, sé lo duro que es eso.
Pero por experiencia les digo que, a veces una no sabe cómo está hasta que no toma un poco de distancia.
Y creo que por eso están aquí.
Y que por eso han aceptado mi oferta, ¿verdad?
Las he llamado porque son las mejores en lo suyo.
Y porque quiero que levantemos este sitio juntas.
Sin señores que nos manden.
Sin jefes.
Nosotras seríamos nuestras jefas.
De verdad, confío ciegamente en ustedes y les pediría que confiaran un poquito en mí.
Sé que juntas podemos convertir esto en el mejor restaurante de Madrid.
¿Qué me dicen?
-La carta dice que el trabajo incluye alojamiento.
-Por supuesto.
Síganme.
-¿Esto es para nosotras?
-Estaremos un poco apretadas, pero de momento es lo que hay.
-Como somos unas cuantas, tocará compartir habitación.
Pero ya veréis qué habitaciones.
-Bueno, si esto es todo, tampoco es para tanto.
-No, Lourdes, las habitaciones están detrás de esa puerta.
-¿Y esto qué es?
-Virgen del Amor Hermoso.
¿Dentro de la casa?
-¿Seguimos?
-En esta podéis dormir, Lourdes, Rosa.
En la de allí estaremos Ana y yo.
Y ya la habitación grande, pues será para la señora Mar -- María Elena.
María Elena o Elena.
-Hay que establecer normas básicas de convivencia.
Hay que repartir tareas -- -Y una preguntita.
¿Se pueden traer visitas masculinas?
-Eso, sí.
¿Puede venir a verme mi novio?
Es muy limpio y muy decente.
Y nos vamos a casar.
-Felicidades.
Bueno, hay que decidirlo entre todas.
¿Votos a favor?
-Con lo bien que íbamos.
-Bueno, tampoco va a haber tiempo de distracciones.
Hay mucho trabajo.
Hay que pensar en un menú moderno, con platos que la gente no olvide y que haga que quieran volver.
Aunque primero hay que adecentar el local para que la gente quiera entrar.
El restaurante lleva cerrado un tiempo, pero tiene mucho potencial.
Ya lo habéis visto.
Hay que modernizarse, barnizar las sillas, reparar lámparas.
Ah, y necesitamos nueva mantelería.
¿Alguna sabe coser?
Para que la sala quede vistosa, además de manteles, vamos a necesitar algo de decoración y muchas, muchas flores.
-¿Hay dinero para todo eso?
-Habrá que agudizar el ingenio.
Yo misma puedo ocuparme de escribir a mano los menús.
Tengo buena letra y así no tenemos que ir a la imprenta.
También tenemos que hacernos con unos uniformes de trabajo, claro.
Aunque en eso va a ser más difícil ahorrar, me temo.
Ya veréis.
Nos va a quedar un restaurante precioso.
Estoy convencida.
-Oye, ¿y cómo le vamos a llamar?
[ Inaudible ] [ Motor arranca ] [ Chirrido de tren ] [ Bullicio ] [ Silbato de tren ] -Pasajeros de Sevilla con destino a Madrid.
El tren va a efectuar su salida.
[ Silbato de tren ]
Support for PBS provided by:
















